Ana: no puedo disponer de mi tiempo

La enfermedad le ha quitado la libertad para disponer de su tiempo, me dijo Ana en un momento de la entrevista, aunque lo que ha sido más determinante para ella es la desviación de columna, que le obliga a caminar con un andador después de una larga etapa con bastón.

– Si no fuera por esta lesión no tendría esta dependencia -aclara Ana- pues los síntomas que tengo no son importantes y no me impiden la actividad diaria.

 

Todo empezó hace unos 12 años, al poco tiempo de faltar su marido, cuando sus hijos observaron que al caminar no movía la mano izquierda. Después de las pruebas pertinentes se confirmó que padecía Parkinson. Me comenta esto recordando que se está cumpliendo lo que le dijeron cuando se lo diagnosticaron y era que tardaría 8 a 10 años en aflorar, en hacerse visibles los síntomas, dado que entonces apenas se manifestaban.

– Que sentistes cuando te lo dijeron.

– Ni frío ni calor – me contesta.

Conoció a otros enfermos de Parkinson en la asociación en la que se inscribió después de asistir a un festival en la Alameda. Desde entonces ha pasado por distintas instalaciones hasta que encontró Juntos Contra el Parkinson a través de algunos compañeros y le gustó, pero me dice que le gustaría que estuviese más cercana a su domicilio.

De todas las terapias ella considera la más importante la fisioterapia aunque reconoce que todas le van bien.

– Aunque me cuesta venir me encuentro a gusto con el trato. Yo también me esfuerzo por ser amable con la gente sin dejar de “ser como eres.”

Puedo confirmar que Ana siempre tiene en la Asociación a uno u otro que se ofrecen para ayudarle en cualquier cosa. Esto también pasa con los demás, digamos que es una característica propia de los asociados.

Ana considera que es muy importante la sinceridad en las relaciones y que ella ha ido siempre por la vida diciendo lo que piensa.

En un momento de la conversación recordó su etapa trabajando, su experiencia en el trato con las personas:

– Para el trato con la gente es muy necesaria la “sicología” – me dice Ana cuando recordaba esa larga etapa de su vida en la que fue dependienta- sonreír y dar la razón- pero, lo que más me importaba durante esos 20 años, era cuando tenía que trabajar teniendo alguno de mis hijos enfermo pues estaba todo el tiempo pensando en ellos y al mismo tiempo tenía que poner buena cara para conseguir buena venta.

Ana tiene una mirada traviesa, vivaracha, que no pasa desapercibida y que va acompañada de comentarios irónicos e inteligentes que hacen de ella una mujer especial muy querida por todos los compañeros y compañeras para los que siempre tiene un saludo distinto, unas palabras aunque no recuerde siempre sus nombres. A veces se tapa la cara con gracia, como con vergüenza cuando le toca el turno para hacer algo y le pilla distraída (cosa que no le ocurre a ella sola).

La lenta evolución de la enfermedad, en su caso, la hace poco visible en ella, le hace sentirse “afortunada”.

Ha participado en diversas actividades de la Universidad Popular en el centro de Na Rovella que es el que corresponde a su domicilio en Monteolivete.

Cuando le dije que habíamos terminado me preguntó para qué hacía esto. Le dije que era una manera de conocernos todos sabiendo algunos detalles de nuestras vidas y dar una oportunidad para que todos y cada uno de nosotros pueda presentarse a los demás y romper el aislamiento que algunos puedan sentir por ser prudentes o simplemente discretos.

26 Noviembre 2018

VICTOR RUIZ MOLINA

Deja un comentario