Benjamín: «De algo te tienes que morir»

“De algo te tienes que morir”, -me dice Benjamín-. Después de las pruebas en el Peset se confirmó el diagnóstico párkinson. Me advirtieron que podría hacer vida normal y así lo hice los años siguientes, andar, nadar e ir en bicicleta. Tenía 62 años y ahora tengo 71. Hasta esa fecha llevaba dos años de tratamiento hasta que un día almorzando con su mujer y un compañero médico que pasaba le advirtió: “¿No has visto como anda tu marido?”

Benjamín necesita tener movilidad, teme los bloqueos y la rigidez. Los tabiques, el interior se le caen encima y le da mucha importancia a la calle, salir a andar y la compañía, merendar juntos una vez por semana en Pinedo o El Saler, dónde sea, me dice que podríamos proponerlo. Cuando yo le conocí en la etapa de la “neverilla” en las instalaciones del río se desplazaba en bicicleta, se marcaba de vez en cuando algunos pasos de baile, boleros, con un brazo alzado y el otro rodeando una cintura imaginaria, siempre inquieto andando de un lado para otro. Ahora se ha apuntado a las clases de tango y le gustaría disponer de más terapias, sobretodo “logopedia” a la que da mucha importancia..

Me dice que cada vez se encuentra con más obstáculos y tiene que fijarse mucho en las escaleras para no caerse. Calcula sobretodo el tamaño de la huella y la inclinación poniéndome como ejemplo las escaleras de bajada al metro. Subir es menos peligroso, me dice, para bajar voy contando de uno en uno.

El otro día cuando paseábamos por la calle de la Paz, camino del Ateneo, me contó algunas vivencias de sus principios laborales como promotor de viviendas, indicándome que en su primer edificio en Constantí Llombart, 8 pisos, 4 plantas, se quedó pronto sin dinero. Aprendió entonces a buscar y encontrar la financiación por sí mismo y al fin lo terminó, venciendo todas las dificultades. No me parece que Benjamín diga esto como si fuera “sobrao”, sino como un aval de su capacidad para superar los retos y un ejemplo como método para el aprendizaje de una profesión.

Benjamín aparece por la puerta del gimnasio o llegando por la calle con su bastón su sombrero su andar ligero, algo torero y esa sonrisa de media luna que le ocupa casi toda la cara para saludarte afable y jovial. A veces cuando le miras, en un instante cualquiera de la clase, le sorprendes, en silencio, con los ojos semicerrados, apretando la boca y una mano en el vientre a punto de partirse de la risa que a veces vence y otras le hacen marchar después de contagiarnos a todos.

Mayo de 2014. ¡Que tiemble el camino!. Andando y al aire libre es el habitat natural suyo. El tenía que estar allí. Después de un periodo de entrenamiento concienzudo, junto a otros compañeros de Valencia y otros lugares de España, Benjamín se apuntó y realizó aquel reto de lucha contra el párkinson andando el Camino de Santiago. ¡Que digo andando, casi volando!, tanto era su afán que un día casi se pasan el cabo Finisterre el y otro compañero teniendo que esperar al grupo que ya los buscaban por todas partes. Como dice la coplilla: un camino, una ilusión, que un día compartieron, por vuestra generosidad, muchas gracias compañeros.

VICTOR RUIZ MOLINA

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