Adictos a la Dopamina (Marcel)

Actualizado: abr 7

La primera vez que entré en la consulta de un neurólogo, nada más sentarme me espetó: “Usted tiene PARKINSON”. En un primer momento pensé que se había equivocado de paciente. Que se lo decía a otro. Solo acerté a balbucear: “ Nos podemos tutear?”.



- Claro! Perdona la brusquedad, pero el temblor en reposo de la mano derecha, la ausencia de braceo, la no expresión de la cara, el hombro derecho más bajo que el izquierdo, arrastras ligeramente el pie derecho y hablas en un tono bajito. Todo ello sugiere un diagnóstico de Parkinson.

Nunca en mi vida he sido violento, pero reconozco que miré un abrecartas que tenía encima de la mesa y me imaginé atravesándole la carótida. O mejor, antes de irme me volvería y desde la puerta le gritaría: Ah, dile a tu mujer que me borre de la lista de espera.

En lugar de eso le pregunté: “Hay alguna prueba diagnóstica para comprobarlo?”

- Hoy por hoy el DataScan es la prueba más fiable, o podemos iniciar el tratamiento y si mejoras es que el diagnóstico es correcto.

- Prefiero hacerme la prueba, si no te importa.

- Cuando tengas los resultados tomamos decisiones.

Miré a mi mujer de reojo, estoy casi seguro que estaba planificando el futuro.

Yo, aunque previamente tenía sospechas, estaba como en un mal sueño, como si le pasara a otro.

La enfermedad de PARKINSON (llamada así en honor al primero que la describió James Parkinson) es poco conocida. Fundamentalmente mueren las neuronas que fabrican el neurotransmisor dopamina que es uno de los responsables del movimiento.

Me hice el Data Scan en Murcia (mejor no preguntar) y el diagnóstico no dejaba lugar a interpretaciones: párkinson. Añadía algunos detalles poco tranquilizadores como: “amputación del putamen” o “la imagen podría asociarse a un diagnóstico de PARKINSON plus”. Me acordé de mi amigo Julio Morales (DEP), bilbaíno, que al leer aquello hubiera dicho : “ Tengo un parkinson de la hostia”.

Volví al neurólogo resignado a darle la razón y me prescribió tres fármacos.

Si tuviera que describir lo que me pasó los cuatro años siguientes diría: “increíble”. La medicación me dejó asintomático y me inyectó una actitud y creatividad mayores que las que había tenido en la vida.

Por hacer un resumen rápido, me hice socio de una Asociación, comencé a ensayar con la Desbanda (formada por pacientes), grabamos una cancion en el estudio de Barricada en Pamplona junto con Kuxti Romero (Marea) y Pedro Fernández (La fuga). Tocamos ante dos mil personas en el velódromo Lluis Puig como teloneros de los héroes de la musica de los 80. Llenamos el Veles i Vents en un conciertazo con invitados de lujo como Pau Alabajos, Alejandro Parreño , Agustín (Los de Marras), Ñeku, Distrito Rojo, Rockavieja.

Que escribiría canciones que eran una manera de expresar lo que sentía. Y sobretodo me sentía miembro de un grupo de personas a las que admiro y quiero. Es muy difícil explicar a nuestras parejas, familias y amigos el vínculo especial que se crea entre las personas que padecemos la misma enfermedad. A pesar de que, en cada uno de nosotros se manifiesta de una manera distinta, es como si compartiéramos un secreto, una cualidad que nos distingue de los demás.

Yo, que no me ofrecía voluntario para nada, ahora soy capaz de cantar en público una canción escrita por mi.

Es el poder que nos otorga la Dopamina. Quiero pensar que somos superhéroes de cómic. Personas normales a las que la dopamina los muta en personas valientes y creativas que han encontrado su lugar en el mundo y que con frecuencia ayudan a los demás a pasar el duelo.

No me olvido de los momentos off y de que la enfermedad progresa inexorablemente. Es nuestro súpervillano. Y cada día luchamos contra él con la ayuda de la dopamina y de la unión de gente extraordinaria.

Probablemente la guerra está perdida, pero nadie nos puede impedir que disfrutemos de cada batalla.

Me llamo Marcel y soy adicto a la dopamina, la música y la felicidad. Te apuntas?

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